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La venganza del Cheese Whiz

Aproximadamente veinte años tenia sin probar el queso fundido, mi madre lo compraba en el supermercado con el fin de hacer llevadero mis arepas domingueras acompañadas del infaltable juguito de lechoza.


Por estos dias ha vuelto el Chesse Whiz a mi casa pero esta vez a saborearles los desayunos a mis sobrinitos quienes ven ese amarillo-anaranjado radioactivo como un complemento a sus mañana.


Senti curiosidad por recrear los sabores de la infancia, agarre el pote de Cheese Whiz que ahora tiene caderas (enserio, cambiaron el vaso recto por uno con caderas), le saque una cucharada, se lo eche a un pan y ¡pa’ dentro!


Enseguida tuve el mega-dejavu: Alegre despertar, Chemise blanca llena de tierra, sacapunta, lonchera, La pequeña maravilla, metras, Resolucion 1029, El ladron de tu amor, Cristal, y un laaaaaaaaaargo etc.


No me conformaba con eso, queria mas, necesitaba mas en mi cuerpo, así que al mismo pan le coloque Diablitos (que también tenía unos añitos sin comer) y me hice el propio sándwich de carajito.


Todos los conservantes y los quimicos que contienen esos dos productos me llevaron a mi infancia feliz pero a otro nivel, hasta podia recordar olores y sensaciones propias de esa época.


En fin, cada vez que quiero regresar a mis años de chiquillo, me meto una sobredosis de Cheese Whiz (si soy mas osado lo mezclo con Diablitos) para que los colorantes artificiales hagan su trabajo en mi cerebro.

El apamate


Salí del Metro rumbo a mi casa, estuve todo el día en la calle haciendo unas vueltas burocráticas.

El calor se había apoderado de mi, la bulla de los carros era infernal, los buhoneros y su ciudad dentro de la ciudad me ponían de mal humor y para rematar no había comido nada en el día.

Cuando parecía que todo estaba en mi contra, llegando a mi casa la naturaleza se encargó de regalarme unos instantes de felicidad.

El frente de mi casa estaba cubierto de flores de apamate del árbol que tenemos en la acera, una alfombra -rosada en este caso- me llevaba hasta la puerta de mi casa haciéndome sentir como toda una celebridad de Hollywood. Sin soltar palabra el árbol me dio la bienvenida a mi templo, a mi refugio, a mi hogar.

La imagen era tan hermosa que me paré sobre el lecho de flores y me quedé contemplándolo por unos minutos, juro que lo que estaba alrededor lo hice desaparecer.

Luego de presenciar el regalo del viejo árbol, entré con la mejor de las sonrisas y dejando las malas vibras al lado de las bolsas de basura.