
Sin embargo en el interin abrí otro blog.
Así que les invito para una versión remozada de la Ensalada César.
http://masensaladacesar.blogspot.com/
En el bowl de la vida un poco de todo lo que pienso, temas tan variados como los ingredientes de una ensalada

Pues falta poco para que te conozca en persona, desde hace muchisimos años he querido presentarme ante ti y por fortuna (o desgracia, aun no lo se) se me presenta la oportunidad.
Te confieso algo, hasta ahora sabía muy poco sobre ti, algunas cosas lejanas en la historia y algunos mitos sobre ti: que si te la tirabas de muy refinada, de muy sofisticada, que según tú el verano es invierno y el invierno es verano, que eres superculta y que te encanta la carne, el vino y el futbol, muy europea tú.
¿Sabes por qué me estas llamando la atención ultimamente? Porque muchos amigos –hombres y mujeres por igual- han caído en tus brazos, y me cuentan lo bien que se pasa contigo, que eres maravillosa y que cuesta despegarse de ti, pero por Dios ¿Qué es lo que tienes en tus entrañas que atrapas y consumes? ¿Qué carajo tienes de especial?.
Todas estas dudas sobre ti me han dado un morbo incredible, tenia que conocerte ya para salir de mis dudas y por cosas de la vida aqui estoy afinando los detalles para llegar a ti. Casi me desvelo pensando en el momento que nos encontremos, no sabré qué decir ni como actuar, si permanecer incolume o desbocarme a probarte durante los pocos dias que tendre para conocerte.
Espero que tengamos veladas increibles, noches maravillosas, dias llenos de felicidad y regocijo, revolcandome en tus carnes y tus piernas –éstas son tan famosas que todos toman fotografías- y poder ver desde cerca como corren tus aguas por tu rio.

Una de las cosas que me emocionaba cuando niño era que viajábamos todos los fines de año a Barinas a visitar a la familia por varias razones, una de ellas mi fascinación por agarrar carretera, de visitar ambientes diferentes al que estaba acostumbrado y otra, que gozaba un mundo en compañía de todos los primos.
Doce años después desde mi última visita se nos presentó la oportunidad de volver a la linda Barinas, ésta vez con muchas espectativas que iban desde reencontrarme con esa familia que tenía muchisimos años sin ver, observar en qué ha cambiado ésta ciudad y ¿por qué no? Me alimentaba cierto morbo de estar en la Barinas en plena era bolivariana.
Fueron cinco dias de rumba, sabor y conga (en éste caso rumba, sabor y maraca)
Dia 1: La noche anterior nos habiámos quedado en Maracay visitando a parte de esa familia que vive en la Ciudad Jardín, asi que llegamos al terminal a eso del mediodía. Tomando en cuanta que estámos en pleno asueto decembrino era muy dificil encontrar pasaje hasta Barinas y si lo conseguíamos sería para salir a la mañana siguiente pero eso significaba perderse un dia de jolgorio (tomando en cuenta que yo tenia que estar en Caracas para el 27 por compromisos profesionales).
Asi que decidí -y así se lo hice saber a mi madre que me acompañaba- que viajáramos a la manera “rock & roll” valga decir que tomáramos varias camionetas hasta llegar y le propuse que siguiéramos la ruta Maracay-Acarigua-Barinas. Mi madre aceptó y nos embarcamos a tomar la primera buseta.
Nos informan en el anden que para Acarigua ya no salen mas y nos sugieren que llegemos hasta Valencia para ir a nuestro primer destino, así lo hicimos y en menos de una hora estábamos en la capital carabobeña. Una vez llegados y en el mismo sitio vemos una gran cola de personas que iban a Acarigua, en eso vemos que hay una camioneta que está saliendo a Guanare y a la que le quedaban puestos.
-¡Melba coronamos!, esta nos dejara mas cerca y va saliendo –le dije a mi mamá
Enseguida nos montamos y luego de pagar 25 lucas cada uno nos arrancamos a Guanare, en las tres horas que duró el viaje (si, tres horas gracias a la mega autopista José Antonio Paez que hace que atravieses los llanos en un momentico) mi iPod viajero me deleitó con buen Hip Hop-Jazz de la mano de Kero One y luego un concierto de delicioso Ska tradicional a cargo de Prince Buster y The Determinations.
Una vez en el terminal de la capital de Portuguesa divisamos la buseta que nos llevaría a Barinas y sin mucha charla nos montamos, para nuestra fortuna también estaba por salir. Cinco lin cada uno y nos vamos.
Una hora nos tomó llegar a Barinas, mi cara de japonesito turista no era normal, trataba de recordar o de tener memoria fotográfica de la ciudad que tenía ante mis ojos.
Ya en el terminal y como nadie nos fue a buscar, optamos por tomar un taxi hasta la casa donde nos quedaríamos pero ¡oh sorpresa! Nos tocaron par de taxistas que no sabían donde quedaba la avenida solicitada, el tercero tampoco tenia mucha idea pero estuvo mas presto a ayudarnos, nos montamos y el chofer por medio de radio pidió ayuda a la central, le indicaron y en 5 minutos estabamos al fin en nuestro destino.
Para mas señas, es la misma casa donde nos quedábamos en todas nuestras visitas de cuando era niño y a pesar de su nueva mano de pintura en la fachada por dentro estaba igualita como que si 12 años pasaron en vano.
Luego de reencontrarme con muchos tios y muchos primos (muchos de ellos no los reconocí) me reciben con un vaso de whiscacho y una silla para echar una partidita de dominó. Reconozco que me dieron una pela pero al menos me divertí.
El periplo me había dejado cansado de modo que me acosté temprano inocente de lo que me esperaba en los dias siguientes.
-Si, estoy en Barinas, Yeah!
Debido a que esta parte de Colombia no la conocía, no quería perderme ni un solo detalle del paisaje, saber cómo es la carretera, ver los pueblitos, los caseríos y las ciudades. Debía aprovechar que era de día y que el sol permite contemplar estos detalles.
Pasando Pamplona (un bonito pueblo estudiantil) empieza la parte difícil del camino por cuanto se empieza a subir hacia el páramo y la carretera serpentea mucho. De hecho hay que estar pilas porque te puedes marear de tantas curvas.
Esta cantidad de curvas hace que toda la basura que esta en el piso del autobús se vaya rodando por todos lados y se deposite en un lugar en específico, ésta vez fue en los primeros asientos del autobús (donde estábamos sentados mi compinches y yo). Fue así que me encontré botellas de refresco, bolsitas de chucherías, papel toilet, servilletas y un regalito que si no es por la amable señora que me advierte le hubiese puesto el pie encima: una bolsa con orine adentro!!!
El recontraco****mo de tu madre!!! Cochinos de M***da!!!
La señora y yo nos mirábamos a ver quién recogía el presente pero yo le hice entender que ni de vaina tocaba eso.
No fue sino hasta el autobús se detuvo por un buen tiempo a eso de las 10 de la mañana -debido a que por esa zona están haciéndole reparaciones a la vía y el trafico se corta-, el chofer abre la puerta del pasillo y se da cuenta del regalito que nos dejaron. El tipo después de mentar madre agarro la bolsa por una punta y lo echo al monte.
-Éste tipo es un varón, -pensé.
Por demás aproveché la parada para bajarme, fumar un cigarro, estirar las piernas, hablar guevonadas y sentir que en este tramo ya empieza a pegar el frío.
Abren el paso en la carretera y nos toca montarnos en el bus.
Departamento de Santander.
La bienvenida a éste departamento te la da el páramo, los sembradíos de cebollín y las vacas. Para el mediodía el hambre empieza a apretar y nos paramos a la entrada de un bonito pueblo llamado Berlín en un paradero andino-style bien simpático para almorzar.
Pocas mesas en el restaurante para cuatro autobuses con sus pasajeros que llegaron al mismo tiempo nos obligan a compartir las mesas con otras personas, mi mesa me toca compartirla con una pareja joven (no se si eran novios o hermanos) bien simpáticos y jodedores que venían de Armenia.
Me decido por un cochino frito y su correspondientes contornos mas una sopita que no estaba mal (o es que con hambre hasta las piedras saben a gloria) y nos pusimos a chalequear los muchachos y yo porque no me trajeron la bebida y casi armo una tragedia griega (de mano en la frente y tumbado a suelo como Las Troyanas) porque me estaba tarugando con la comida.
Lo mas gracioso fue que me decidí para beber una aguapanela caliente, y después que la probé quede con el chip dañado por cuanto he estado acostumbrado a tomar papelón frío para refrescarme, así que quede como medio confundido.
Termino el almuerzo, me despido de mis nuevos amigos armenios, me fume el cigarrito de sobremesa y continuamos la ruta.
Al cabo de una hora y media los conductores asumo que se quedaron sin películas que poner en el DVD y han colocado un documental sobre la prostitución en España. Si estuviera en mi casa en plan de culturoso no le hubiese parado bolas al film, el problema es que faltaba poco para que fuese muy explicito y precisamente en éste autobús iban viajando muchos niños, así como señoras.
A pesar que tenia el Ipod puesto alcancé a escuchar historias de niñas bien que se metían a dama de compañía por plata y que terminaban siendo ninfómanas y las confesiones de una puta africana que vivía en Madrid: “a mi lo que me gusta es llevarme la polla a la boca”
Que qué?????????????????????
Lo único que vi fue la señora que viajaba a mi lado decirle al chofer “señor, hágame el favor de quitar eso que esta muy pornográfico” y el pobre hombre no le quedó mas remedio que apagar el DVD en el acto.
En eso estábamos llegando a Bucaramanga me agrado mucho lo bonita que es, muy amplia, muy ordenada y muy limpia. Tiene un aire como a Valencia con algo de Maracay.
Pasado la capital de Santander como a una hora me enco
ntré con uno de los paisajes más hermosos que haya visto en mi vida: El cañón de Chicamocha que es atravesado por un pequeño río. Como la entrada al cañón es por abajo no te parece mas allá de un pequeño río insignificante, a medida que la carretera va subiendo la montaña se te va ampliando el paisaje y ves la magnitud del cañón, acompañado de ese sol de 3 o 4 de la tarde que empieza a caer y le da otros colores a la tierra.
Aquí menté madre por no tener una cámara en la mano.
Y como para rematar el grado de éxtasis en el que estaba, los choferes recogen los típicos vendedores de carretera y uno de ellos vendía mi golosina colombiana favorita: El chocoramo.
Oh dios, ¿que mas puedo pedir? Gracias por regalarme esta vista y hacerme llegar esta delicia a mi paladar.
Ya entrada la noche vuelve a pegar el hambre, yo estaba medio dormido sin música porque el Ipod ya se le había acabado la batería y no tenía mas nada que hacer. Así que el autobús hace la última parada antes de llegar a Bogotá en un pueblito llamado Vado Real.
No me provoca hartar mucho y me decido por un pastelito dulce que estaba mas viejo que el carajo, luego en una tiendita de dulces que quedaba en el paradero le pregunto a la señora que atendía:
-Señora ¿Cómo se llama esto?
-Vado Real, mijo.
-Mmm ¿Y esto es Boyacá?
-No, esto es Departamento de Santander.
¿Qué??????? ¿Todavía Santander? Esta vaina es gigante, tengo todo el día rodando y no salgo de Santander, esto es un agujero negro que no me deja salir.
-Bogotá esta como a 4 horas –me explica el hijo de la señora.
Bueno, ni modo, con la paciencia de las piedras.
Termina el tiempo de descanso y nos disponemos a rodar las últimas 4 horas antes de llegar a mi destino, por un lado me da alivio que falte poco después de tanto rodar pero la vez mientras mas cerca estas de tu llegada mas te desesperas.
A eso de las 10:30 de la noche llegamos a Tunja, Boyacá donde se bajaban mis compinches: la señora con su nieta, como despedida me regalan una botella de agua que les sobró y unas galletas. Luego de la despedida, recogen sus maletas y me siento en sus asientos (que estaba en el lado izquierdo) para cambiar la postura del cuello que me dolía de tanto voltear a la derecha hacia la ventana de mi puesto.
Arrancamos de nuevo en la recta final de mi viaje.
Cuando menos me di cuenta observo por la ventana que estábamos en una autopista que me parecía el eje Zipaquirá – Chía y efectivamente lo era y en un momentito ya estábamos entrando por la autopista Norte de Bogotá.
Dios! Eres grande! Al fin llegué sano y salvo aunque con sueño, cansado y con un tufo a humano.
A las 12:30 de la madrugada me baje en el Terminal, saque como pude las cajas que traía de Caracas y con la misma me monte en el taxi directo a mi casa.
En el edificio me esperaba mi roomate y los vecinos a quienes había advertido que llegaba en la tarde y desde entonces estaban aguardando para ayudarme.
Después de saludar y tomarme una birra de bienvenida, no aguanté y me fui a dormir.
PD: En vista que me tardé mucho para escribir esta narración, les comento que en los casi dos meses que han pasado desde que regrese a Bogotá he hecho el mismo recorrido 3 veces mas con la diferencia que lo hago conociendo mas la vía y realizando el viaje por partes.
Ya soy un baquiano atravesando la frontera por tierra ;)
...vuelve a casaUna vez que me di por enterado que entraba a Táchira, me dió un alivio porque estábamos cerca de salir del país (sueno como fugitivo) pero como les contaba anteriormente el hecho de estar mas cerca de San Antonio del Táchira era como si estuviésemos mas cerca del cielo.
Pero nuestra peregrinación se vio truncada cuando una alcabala de la policía del estado nos detiene y dos efectivos se montan en la unidad a revisar documentos (aquí aplica lo de el mismo negro con diferente Cachimbo), ya estábamos hasta la coronilla pero dijimos “bueh… una mas”
Todo iba con normalidad hasta que uno de los policías mando a bajar del autobús a uno de los pasajeros porque le daba suspicacia su cédula de identidad, valga acotar que el pobre señor era un naturalizado, a quienes se les da una cédula de color amarilla mientras que las identificaciones para los venezolanos por nacimiento son blancas.
El policía muy gentil él –valga acotar- sube a de nuevo a comparar otras cedulas de las mismas características a ver si no es él el de el error, nuestro asombro fue el escucharle que el sospechoso iba a pasar 72 horas detenido mientras se le hace las averiguaciones. Inmediatamente bajo una señora que supongo era su esposa y habla con los agentes, después de media hora se solucionó el embrollo, se subieron de nuevo el señor de la cédula y su esposa.
Después del episodio logro conciliar el sueño que había estado muy intermitente gracias a las labores de seguridad/ladilla/matraca de las autoridades, a la hora abro los ojos y veo que al fin estamos en San Cristóbal que reconozco por un elevado que queda al salir de ésta ciudad (si hay alguien de allá que me diga como se llama esa zona se lo agradeceré). Feliz por estar cerca me duermo.
Nunca escuché la voz del chofer como música celestial en mis oídos cuando anuncia por medio de las cornetas “señores pasajeros los que tengan que sellar su salida por favor bajen y diríjanse a la oficina de la Onidex”.
¡Si Dios! ¡Eres grande! ¡Ya estamos en San Antonio del Táchira!
Mi corazón palpitaba de felicidad, no cabía dentro de mí, no podía creer que al fin estábamos ahí después de 20 LARGAS HORAS!!!
Antes de dirigirme a la oficina de la ONIDEX busco un cajero automático porque ya me había quedado sin efectivo, tres cuadras mas adelante frente a la plaza Bolívar lo encuentro, saco plata y me voy corriendo de vuelta. Llego a la oficina y me topo con el funcionario en su máxima expresión (valga decir sin ningún tipo de educación, mal encarado y sin una respuesta convincente a las dudas que le hace el público), me sella la salida del país y de nuevo para el autobús.
En cinco minutos estábamos atravesando el Puente Internacional Simón Bolívar.
Guelcom to Colombia
Al atravesar el puente inmediatamente esta una bonita casa que sirve como sede del DAS donde debes sellar tu entrada al país. Es como medio colonial, con oficinas, una sala de espera y un afiche con los mas buscados por las autoridades colombianas (de hecho la foto de Raúl Reyes esta tachada y le escribieron “muerto”)
Mientras hago la cola en la parte de afuera de la casa veo alrededor y me percato que aun queda basura del concierto que habían realizado hace dos días en el puente y me doy cuenta del engaño al que uno se somete cuando ve la televisión: en las pantallas esto se veía gigantesco pero cuando lo ves in situ te das cuenta que no es tan grande y que 300.000 personas no caben aquí ni de vaina.
A lo sumo 100.000 y va que chute.
Una vez que me sellan la entrada a Colombia en el DAS hay que esperar un poco antes de retomar carretera, algunos aprovechan para desayunar, otros para tomar un cafecito (ups, ya en este lado de la frontera hay que decir tinto), también se aprovecha para cambiar los Bolívares y-que-fuertes por pesos, conversar un poco entre nosotros y los choferes del bus le dan mantenimiento preventivo a la unidad.
A medida que pasa el tiempo el silencio de la mañana se ve interrumpido por el despertar de un paso fronterizo como este: la calle se llena de carros y gandolas, venezolanos que van a trabajar a Cúcuta, colombianos que van a trabajar a San Antonio, taxistas que van y vienen a ambos lados de la frontera, mas autobuses, almojábanas, tintos, bellas mujeres que cambian bolívares y pesos y el calor que empieza a apretar.
Por cierto, esto es Villa del Rosario, Cúcuta es como a media hora del puente.
Los conductores terminan de arreglar el autobús y nos dicen que es hora de continuar el camino, son las 8:00 a.m. en Colombia y aun quedan 18 horas para llegar a Bogotá y para contemplar paisajes que no conozco todavía.
Próximo capítulo: Los Santanderes, mi reencuentro con el chocoramo, Boyacá y Bogotá
Una de las cosas que disfrute de éste viaje es la posibilidad de ver ciudades y paisajes por cuanto estaba rodando de día –de hecho de ahora en adelante viajaré solo con luz solar-, de esta manera pude ver como era por ejemplo San Carlos en el estado Cojedes y esa cosa que llaman Autopista de los Llanos.
Entrada la noche y habiendo pasado la capital de Cojedes, tuvimos nuestra primera interrelación con la ley, una alcabala de la Guardia nacional hace orillar el autobús a la derecha, se monta el oficial por la cabina del conductor y entra al pasillo.
-Buenas noches, documentos por favor –avisa el Guardia
La mayoría de los que viajaban en el autobús era ecuatorianos y peruanos nacionalizados así como extranjeros, por tal motivo el Guardia se tardó como unos 15 minutos en revisar los papeles de todos los pasajeros. Una vez terminado con su labor da las gracias y nos desea las buenas noches.
Al menos nos toco uno educado.
No había pasado media hora desde que el autobús echó a andar de nuevo cuando entra a escena de nuevo la Guardia y detiene el autobús (¿será que por tener placa peruana nos paran a cada rato?).
Como yo estaba en la primera fila, prácticamente escuchaba todo lo que se conversaba en la cabina del chofer y alcancé a distinguir cuando el conductor le dijo al oficial “Nos acaban de parar hace media hora y le pidieron documentos a todos”, esto le supo a diablo al Guardia e igual se montó a revisar papeles.
Si, eso mismo que están pensando amigos lectores… “Qué ñema!”
Este funcionario ni siquiera dio las gracias, se bajó y el autobús siguió su marcha.
Ya entrados en Portuguesa no tuvimos mayores inconvenientes, esto fue aprovechado por todos para dormir un poco y en mi caso aproveché y seguí con mi iPod fiel escuchando la musiquita que previamente le había metido en Caracas. Una sola vez nos paro de nuevo la Guardia pero sin montarse, tres minutos parados y ráspalo…
“Linda Barinas
Tierra llanera del Guardia matraqueador…”
Oh Barinas, tierra del Yo Supremo y es además la tierra de mi abuela materna, parte de los buenos recuerdos de mi niñez pertenecen a los viajes que hacíamos mis padres con mis hermanos todos los diciembre para visitar la familia, pero esta vez fue la peor etapa del viaje.
Ya llevábamos un buen trecho rodando desde la última vez que nos pararon, todo el mundo dormido, todo el mundo descansando anhelando que despertemos de una vez en la frontera, pero una hora después de pasar la Ciudad de Barinas ¿adivinen que? La Guardia Nacional otra vez.
Pero esta vez fueron mas allá, no se montaron a pedir documentos sino que pidieron al chofer que abriera el compartimiento de equipaje para revisar lo que había DENTRO DE LAS MALETAS. En lo que el oficial ordena a su subalterno que baje lo que hay en el maletero el chofer sube al autobús y dice a través el micrófono “Sres. Pasajeros bajen a revisar su equipaje”.
Los Guardias se vuelven locos sacando maletas y abriéndolas, a una señora le sacaron de su maleta unas botellas de Ponche Crema y una lata de leche, y aunque mi maleta la sacaron no la abrieron (afortunadamente tenia la ropa limpia).
Mientras tanto, el oficial le pide los documentos al chofer y de la nada, apareció otro oficial y le grita al chofer “Mira conductor, tienes que bajarte de la mula!”, yo me imagino que éste aparecido era el que tenia mas hambre porque vino casi corriendo al autobús, nuestro chofer se niega rotundamente alegando que no ha hecho nada malo y que lo dejen en paz.
Por otra parte, el desastre que había hecho el soldado sacando todas las maletas no era normal, cuando ya nos íbamos y al reclamo de los pasajeros por el desorden, el soldado llanero solo atino a decir “yo voy a meter todo eso como entre, no me voy a poner a arreglarlo” como si estuviera contándonos un chiste, por lo que decidimos meter nosotros mismos el equipaje en el autobús.
Al final lo que hicieron fue molestar, a la señora de las botellas no le quitaron nada y al chofer no le sacaron ni un bolívar. El comentario que soltó este último fue lapidario “En esta ruta yo paso por siete países y de todos los policías y militares los venezolanos son las mas corruptos de todos”.
Después de un disgusto pues un gusto, al rato de rodar nos paramos en un restaurante de carretera para cenar (coño, se nos había olvidado comer). Como me da un poco de miedo comer tan pesado mientras viajo por tierra porque el Sr. # 2 puede atacar en mitad de la noche me decido por algo livianito: una arepa recién hecha con un rico pernil y una malta jijiji. La correspondiente ida al baño, los cigarros respectivos y nos montamos con el deseo de dormir y llegar de una vez por todas a San Antonio del Táchira.
Pero poco duraron nuestras plegarias al cielo porque al rato en carretera…
Si amiguitos! La Guardia one more time!
PERO C*** DE LA MADRE!!!!! HASTA CUANDO????????
Si bien éstos que nos tocaron les dio por sacar también las maletas al menos fueron menos patanes que los primeros, un poco más corteses. De hecho, el soldado me dijo “Cuál es su maleta jefe?”. El oficial a cargo revisa también y ve mis cajas con mi nombre y pregunta ¿Quién es César García Solís?, a lo que le respondo me pregunta qué llevo en las cajas y le digo que son enseres de cocina y una computadora. Para mi sorpresa, me dejo en paz y no preguntó mas nada.
Todo en regla con todos al final, el soldado ayuda a meter todo de nuevo y arrancamos.
Así nos despedimos de éste hermoso estado llanero y nos adentramos en las montañas, eso solo significa que estamos ya en Táchira y son las 4:00 a.m.… piri piri piri (sonidito del reloj de la serie 24).
Próximo capítulo: Táchira, la frontera y Villa del Rosario (Colombia)
Querida Ex.
Ante todo muchas gracias por la velada que tuvimos aquella tarde, no me imaginaba que la pasaría tan fino contigo y eso que teníamos muchísimo tiempo que no nos tomábamos un café juntos.
Han pasado seis años desde que nos separamos y si te soy sincero, hoy mas que nunca necesito a alguien como tu.
Como anécdota tu fuiste la última mujer que me quiso y la ultima casi cuerda que estuvo a mi lado, no recuerdo si te lo dije esa tarde pero después de ti lo que vino fue un ramillete de féminas que ¿para que te cuento? Están para sacarles un libro a cada una jejejeje.
Creo que si te narré el capítulo de la enclosetada y mi posterior recelo hacia las mujeres, recuerdo que me dijiste unas palabras que me llegaron muchisimo, algo así como “no dejes de ser la buena persona que eres por estas cosas”. Me contenta que me consideres como alguien bueno.
Pero la que si cambió fuiste tu, si antes eras linda –por algo me enamore ¿no?- ahora estas muchísimo más linda, no solamente por fuera sino por dentro. No se, te vi. con otra actitud, vibrabas. Por eso no dejaba de contemplarte y no aguantaba dos pedidas para abrazarte jejeje.
Pues si Ex, extraño mucho como me querías, como me cuidabas, como me tenias de consentido jijiji, echo de menos nuestras conversaciones que me hacían orgulloso de tener a alguien tan brillante como novia, como olvidar cuando me cocinabas con ese sazón y ese amor y –disculpa el atrevimiento- también extraño nuestros momentos íntimos.
Tenia 22 años cuando estábamos juntos y en ese entonces no era del todo maduro, no es que ahora lo sea pero algo he aprendido jejeje. Por aquellos años no tenia muy claro de que es lo que quería y quizás fui muy intransigente. Como dice el dicho “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.
Hoy por hoy aunque quisiera estar de nuevo junto a ti es muy difícil, ni de vaina le llego al nivel que tiene tu novio ahora. Me imagino que has ido afinando los gustos –yo lo he hecho- y probablemente ya yo no encaje.
Si llegas a leer esta carta o alguien te la hace saber quiero que sepas que en el culebrón de mi vida tuviste un papel fundamental y muy bonito, de esos que las viejitas dicen “ay, esa muchacha trabaja bien en esa novela”. Lastima que no quise dejarte hasta el capitulo final (por guevón).
Te quiero mucho
César
En vista de que tenia que llevarme unos cuantos peroles tanto míos como de mi roomate para el apartamento de Bogota, decidí regresarme a la sabana cundiboyacense por vía terrestre, era una aventura por cuanto me esperaba mas de un día rodando pero al fin y al cabo ya había hecho un recorrido previo desde Bogotá a Cartagena en autobús y me tarde un día, así que dije ¿Qué carajo? Vayámonos por tierra.
Tenia básicamente dos opciones para viajar: la primera tomar un autobús desde Caracas hasta San Cristóbal, luego un taxi San Cristóbal – Cúcuta y otro bus desde Cúcuta hasta Bogotá; la segunda opción era tomar un expreso que me llevara directo hasta la capital colombiana.
Como tenia muchas cosas por llevar me decidí por la segunda y me fui hasta Expresos Ormeño en La Paz (detrás del Bloque Dearmas) para averiguar si tenían pasajes, cuanto costaba y cuanto me iban a clavar por las cajas que llevaría.
Como suele pasar en mi, dejo para ultima hora todo y así me tuve que ir bien temprano como a las 7 de la mañana del día lunes para comprar mi pasaje (tomando en cuenta que el autobús sale a las 11 de la mañana los lunes jiji), así, espere que me atendieran y compre mi boleto por 326 Bs. F hasta Bogota (280 + 46 Bs. F de impuesto de salida del país).
Compro el pasaje y raudo y veloz voy a mi casa a buscar mi maleta mas dos cajas para llevarlas de una, al llegar paso a la sala de espera donde espero por el autobús y donde pesan el equipaje, solo permiten 20 kilos y el resto se paga a razón de 6 Bs. F por kilo. Mi sorpresa al ver que llevaba 50 KILOS de sobre equipaje que se traducirían en unas dolorosas y sangrantes 300 lucas!! Oh my Dior!!!
Luego de despedirme de mi madre y mis sobrinitos y de nuestro amigo Edgar el autobús sale a las 11 y media de la mañana del Terminal rumbo a la sabana cundivoyacens
e.
De Ormeño puedo decir que es una línea peruana que cubre una ruta que va desde Caracas y pasa por Bogota, Quito, Lima, La Paz, Santiago de Chile y Buenos Aires, creo que tiene el record Guiness de la ruta en autobús mas larga del mundo, El Terminal en Caracas es el mismo de Expresos Camargui (el cual se dedica mas que todo a viajar al oriente del país) y Ormeño solo tiene en Caracas tres empleados: la chica que vende los pasajes y que se encarga de chequear a los pasajeros cuando se van subiendo al autobús, un señor que supongo que es como el jefe que también pesa el equipaje, suple al autobús y también chequea a los pasajeros que van abordando y otro señor que es como el ayudante porque lo vi mas que todo cargando cajas y maletas.
Esto último me recordó esas películas de parodia del viejo oeste donde una sola persona era el sheriff, el juez, el banquero y el sepulturero.
Arranca el autobús y empiezo a detallar los compañeros de viaje, los choferes, enciendo mi iPod y me explayo a disfrutar del paisaje de la carretera.
Un poco mas allá de Valencia pasadas las 2:30 de la tarde hacemos la primera parada para comer, me decido por una comida rápida, valga decir una arepa –que estaba fría, fuck- con queso guayanés y una malta, termino de engullir, par de cigarritos y de nuevo al camino.
Entrando a Cojedes el autobús se detiene a un lado de la carretera en el medio del monte, se apaga y los choferes se bajan, todo el mundo se extraña y bajamos de a poco a ver que pasó, resultó que se había accidentado el autobús.
Ohh my Dior!!! ¿Y ahora?
Pasaron 45 minutos aproximadamente mientras los conductores diligentemente solventaron el problema –que creo que era el motor-, en ese tiempo baje a enterarme del chisme, a observar el paisaje que en unos matorrales tenia unos huesos secos tirados a la intemperie y no supe si era de un caballo, de una vaca o de un ser humano –y créanme que no iba a averiguarlo-. Así también conocí a mi primera compañera de viaje: una señora de lo más simpática que iba a visitar a su familia en Santiago de Chile. Pobre señora, me imagino que para la fecha en que estoy publicando este post aun debe estar rodando ;)
Próximo capitulo: desde Cojedes hasta el Táchira y la fastuosa intervención de la Guardia Nacional
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